CUANDO LA TIERRA SE VUELVE HOSTIL

En la mayoría de las ocasiones, los números conforman la totalidad de los datos informativos que nos son ofrecidos y no somos conscientes de que estamos presenciando unos cambios históricos a nivel cultural y de creencias. Se hablará de estos sucesos durante mucho tiempo, pero los terremotos son y seguirán siendo grandes desconocidos, y sería absurdo reducir estos desastres a meros datos numéricos, ya que detrás de ellos hay vidas, sufrimiento. ¿Os imagináis lo que significaría estar sepultado bajo escombros y contar las horas, los minutos, los segundos que restan para volver a ver la luz del sol? Las construcciones de Haití son muy débiles, lo que ha provocado el derrumbamiento de la mitad de los edificios y la confusión en un lugar poblado por dos millones de habitantes.


Según datos de la Red Sísmica Nacional, a los 10 minutos de la hora origen del terremoto, las ondas llegan a tierras españolas, a las Islas Canarias. Unos segundos más tarde, la repercusión del terremoto alcanza la Península, tocando tierras gallegas. Minutos después, ya se tiene un cálculo muy exacto de la magnitud del terremoto y de la localización. Al momento, comienzan las llamadas del organismo responsable de la canalización de ayuda desde instituciones españolas para conocer la magnitud del problema.

Haití es la primera república formada íntegramente por una comunidad negra del mundo a consecuencia de la historia, ya que en el pasado era una población formada por el resultado de la trata de tres millones de esclavos durante la época colonial. La independencia del país se consigue en 1802, durante la conocida noche de Bois Caimán. Se cuenta que los lugareños realizaron un pacto con el demonio al beber sangre de cerdo, y desde entonces su historia es trágica y llena de mala suerte, con dirigentes pintorescos que dominan a sus ciudadanos por medio del vudú. La población de Haití nace del propio horror, por lo que ahora es considerada una realidad maldita, de la cual sus propios ciudadanos no saben salir por razones culturales e históricas.

El vudú es la religión oficial de Haití desde que fuera tomado como estandarte de la oposición contra la potencia colonizadora a consecuencia de su prohibición durante el periodo colonialista. Es una religión donde el azar no existe y es fundamental el culto a los espíritus tanto para realizar buenas acciones como para hacer daño. En este difícil equilibrio de fuerzas del bien y del mal se mueve la población de Haití, por lo que consideran que cualquier desastre natural es un castigo del más allá por no haber sido lo suficientemente atentos con los dioses. Los haitianos no entienden de fallas tectónicas o de desastres naturales, únicamente creen en lo que han aprendido durante décadas de cultura. ¿Sólo debemos enviar ayuda material a Haití y luego olvidarnos de lo ocurrido? ¿O es más importante una ayuda que les pueda sacar de la situación que viven?

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